La agencia lanzó los primeros dos satélites del proyecto TROPICS.

 

 

La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) lanzó los dos primeros CubeSats de su nueva constelación cazadora de huracanes, ciclones tropicales y tifones, denominada red TROPICS, y a través de sus redes sociales compartió las imágenes del evento.

El despegue se produjo en un cohete Rocket Lab Electron a la 01:00 UTC este 8 de mayo desde su base de lanzamiento en Nueva Zelanda. Aproximadamente 33 minutos después del lanzamiento, el Electron desplegó los satélites en cubo TROPICS del tamaño de una caja de zapatos en la órbita terrestre baja, a unos 550 kilómetros sobre la Tierra.

La constelación TROPICS (Observaciones de estructura de precipitación resueltas en el tiempo e intensidad de la tormenta con una constelación de satélites pequeños) consistirá en cuatro CubeSats en órbita terrestre baja, con los que se busca ser más preciso en los pronósticos meteorológicos.

Rocket Lab lanzará los otros dos satélites dentro de unas dos semanas, si todo sale según lo planeado. Para que la constelación funcione correctamente, los cuatro satélites TROPICS deben desplegarse dentro del mismo período de 60 días.

 Los cubesats TROPICS medirán la formación y progresión hora por hora de ciclones tropicales y huracanes con mayor especificidad, según especificó la Nasa, explicando que a diferencia de los satélites actuales con los cuales solo se puede ver el avance meteorológico cada seis horas, aproximadamente.
 
 
 

“Obtendremos datos que nunca antes habíamos tenido, que es esta capacidad de mirar en la región de longitud de onda de microondas en las tormentas, con cadencia por hora para observar la tormenta a medida que se forma e intensifica”, dijo el investigador principal de TROPICS, Bill Blackwell, durante una conferencia de prensa previa al lanzamiento el 28 de abril.

“Esperamos mejorar nuestra comprensión de los procesos básicos que impulsan las tormentas y, en última instancia, mejorar nuestra capacidad para pronosticar y rastrear la intensidad”, informa Space.com.

Por su parte, Karen St. Germain, quien es la directora de la División de Ciencias de la Tierra en la sede de la NASA en Washington, aprovechó para resaltar los beneficios que se obtendrían con el nuevo proyecto, que también trabajaría de la mano con otras organizaciones estatales como el Centro Nacional de Huracanes.

“Proporcionar imágenes más frecuentes no solo mejorará nuestra conciencia situacional cuando se forma un huracán. Los datos proporcionarán información a los modelos que nos ayudarán a determinar cómo cambia una tormenta con el tiempo, lo que a su vez ayuda a mejorar los pronósticos de nuestros socios, como el Centro Nacional de Huracanes y el Centro Conjunto de Alerta de Tifones”, afirmó Karen St. Germain.

Incluso, se estima que ya para finales de mayo los satélites estén funcionando a su máximo para lograr hacer el seguimiento a las tormentas lo más pronto posible, afirma la Nasa, indicando que en dos semanas se enviarán los otros dos CubeSats con lo que quedará completa la constelación TROPICS.

”Estamos extremadamente orgullosos de todos nuestros socios, incluidos MIT Lincoln Labs, Blue Canyon Technologies, KSAT y Rocket Lab por ejecutar con éxito este primer lanzamiento. Esperamos que toda la constelación esté en órbita para darse cuenta de los beneficios para la agencia, así como para nuestros colegas de todo el mundo”, afirmó Ben Kim, quien es ejecutivo del programa TROPICS de la División de Ciencias de la Tierra de la NASA.

La ESA y la NASA buscan establecer un tiempo oficial en el satélite para facilitar la navegación de las sondas y la comunicación en las próximas estaciones habitadas.

 

 

La Luna no ha contado nunca con una hora independiente a la terrestre. A cada misión lunar se le ha asignado su propio horario particular, el cual siempre ha estado vinculado al huso terrícola conocido como la hora universal coordinada (UTC, por sus siglas en inglés). Este método puede ser un poco impreciso, poco eficiente y no homologado entre las naves que visitaban el satélite. Ahora, las agencias espaciales europea (ESA) y estadounidense (NASA) desean mejorar este punto, ya que se avecina una década de renacimiento en la exploración espacial.

“Vivimos un momento extraordinario. Este año, por ejemplo, está previsto el envío de tres misiones comerciales, un cambio de paradigma en la exploración lunar”, narra el ingeniero Javier Ventura-Traveset, de la ESA. Entre los objetivos ya perfilados en los planes espaciales: la proliferación de misiones comerciales de empresas privadas, nuevos actores nacionales (como India o Japón) y el establecimiento de bases habitadas permanentemente antes de 2030. 

Medir la hora de la Luna desde la Tierra acarreará siempre problemas de precisión, como explica Ventura-Traveset, coordinador de la iniciativa Moonlight de la ESA: “Debido a la relatividad general, por ejemplo, dos relojes puestos en hora al mismo tiempo, idénticos, uno en la Tierra y otro sobre la superficie lunar, van a marcar un tiempo diferente, porque la gravedad lunar es muy inferior a la terrestre, de ahí que el reloj lunar se adelante del orden de 56 microsegundos por día en la Tierra”. El ingeniero espacial aclara que “puede no parecer mucho, pero al cabo del tiempo ambos relojes mostrarán horarios distintos”. Un efecto sutil, el de que una atracción gravitatoria más débil en la Luna provoque que los relojes funcionen más despacio, que se debe corregir para poder sincronizar satélites y fomentar la interoperabilidad de los sistemas.

 

Vivimos un momento extraordinario, hay una revolución en la Luna

Javier Ventura-Traveset, ESA

Las más de 12 misiones espaciales tripuladas que se calculan para los próximos años suponen retos logísticos que van desde lo tecnológico a lo filosófico. Un huso horario independiente al terrícola obliga a responder una pregunta, en apariencia sencilla, pero muy complicada: ¿qué hora es en la Luna?

El mes pasado, durante un congreso celebrado por la ESA en Países Bajos, se comenzó a definir el huso lunar con el objetivo de mejorar la interoperabilidad entre satélites de diferentes agencias y la coordinación. Ventura-Traveset explica que con esto se busca desarrollar un sistema de navegación por geolocalización vía satélite propio, LunaNet, un sistema similar al americano GPS o los Galileo europeos.

El proyecto Moonlight de la ESA que dirige Ventura-Traveset pretende jubilar el método de comunicación utilizado hasta ahora: cada sonda espacial o módulo tripulado lunar con su hora independiente debía enviar sus señales de radio de vuelta a antenas terrestres, para después regresar hasta el satélite. Un sistema útil, pese a que se trata de una infraestructura que no será suficiente, según la propia agencia espacial. Con el escenario de la exploración espacial que se dibuja en el horizonte, suponen un problema las múltiples naves trabajando de forma simultánea en la Luna, más allá del lag de microsegundos presente en todas las emisiones, así como a su falta de precisión para posicionarse vía satélite lunar.

 

 

¿Medir el tiempo?

Desde el inicio de los tiempos, medir el tiempo ha sido esencial. Los Mayas del Yucatán creían poder controlar activamente su flujo, y en Asia era vital para la navegación marítima hace milenios. A finales del siglo XIX, para organizar la salida y el horario de los trenes en París, hoy en día medir el tiempo nos ayuda a controlar vuelos internacionales, telecomunicaciones y hasta a tener geolocalización en nuestros celulares.

Chaves-Montero, investigador del Instituto de Física de Altas energías (IFAE), estudia la gravedad: “Cuando se empezó a entender de verdad lo que era el tiempo fue con la teoría de la relatividad, que va sobre el tiempo y la gravedad, que explica todos los fenómenos que conocemos: dónde estás, la masa, por ejemplo, en un planeta como la Tierra, afecta al transcurrir del tiempo; uno mayor, todavía más rápido”. De ahí que la hora en la Luna, al tener menos masa, el tiempo pasa más rápido que en la Tierra y afecte a la tecnología, ya que los dispositivos, a la hora de posicionarse, se mueven en el ámbito del microsegundo y la precisión es vital para el correcto devenir de las misiones espaciales. Chaves-Montero considera que la iniciativa espacial para adaptarse al horario lunar nace de un profundo “conocimiento de la física y de cómo poder implementarla”.

Otra de las paradojas a las que se enfrentarán las misiones tripuladas sobre suelo lunar es la definición de un “día”. El satélite tarda 29,5 días en dar la vuelta alrededor de sí mismo, pero la biología de los alunizadores continuará siendo la misma, de 24 horas. Debido a las necesidades fisiológicas, los días terrestres siempre serán importantes, aunque cambiemos nuestro contexto inmediato a un satélite u otro planeta: “Tenemos circuitos predeterminados que funcionan de manera cíclica y con más o menos periodicidad, como la frecuencia cardíaca o la regulación hormonal”, detalla el biólogo Luis Martínez, del Instituto de Neurociencias de Alicante.

Para evitar problemas cronobiológicos derivados del insomnio y las enfermedades provocadas por descansar mal, tienen horarios para ajustarse al ritmo circadiano terrícola. Martínez reflexiona sobre si será posible otro ritmo vital para los Homo sapiens: “Pasen tres días de viaje o 500 de misión espacial, seguiremos siendo innegablemente humanos debido a millones de años de evolución. De alguna forma van a tener que cumplir un ciclo con noche y día”.

 

El Apolo 13, estaba programado para ser el tercer alunizaje, se lanzó a las 13:13 horas de Houston, el sábado 11 de abril de 1970. Pero nada salió como se esperaba.

 

 

El público estadounidense, que ya había visto el histórico lanzamiento del Apolo 11 y luego el Apolo 12, así que no le prestó mucha atención a la tercera misión que la NASA enviaba hacia la Luna.