La cápsula Dragon de SpaceX amerizó con éxito frente a las costas de California, marcando el fin de su misión número 32 de reabastecimiento a la Estación Espacial Internacional (EEI). A bordo, transportaba valioso material científico, incluyendo el Mecanismo Compatible Biomimético-1 (MCB-1), un innovador experimento mexicano desarrollado por el equipo de Mat X Space durante su participación en el International Air and Space Program 2022.
 
ISS crew members Anne McClain and Nichole Ayers 
 
 
Gracias al compromiso de AEXA con el impulso al talento joven a través del International Air and Space Program (IASP), el experimento MCB-1 logró ser evaluado en el espacio como parte del conjunto de investigaciones instaladas en el módulo externo MISSE de la Estación Espacial Internacional. Este innovador dispositivo, inspirado en mecanismos naturales y diseñado para funcionar sin electricidad aprovechando únicamente las variaciones de temperatura, permaneció en órbita durante seis meses, enfrentando las condiciones extremas del entorno espacial.
 
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El MCB-1 representa un logro sin precedentes para la ciencia mexicana. Esta tecnología podría ser clave para el desarrollo de estructuras más resistentes y adaptables en futuras misiones a la Luna y Marte. Ahora que ha regresado a la Tierra, los miembros de Mat X Space, iniciarán el análisis de los datos obtenidos durante su estancia en el espacio.
 
Con esta misión, México reafirma su papel en la vanguardia de la exploración espacial, gracias al talento joven y el respaldo de organizaciones comprometidas con el futuro aeroespacial del país.
 
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En un mundo donde los avances tecnológicos y de infraestructura no dejan de sorprendernos, hay proyectos que parecen sacados de la ciencia ficción. Uno de ellos es la Presa de las Tres Gargantas en China, una de las obras de ingeniería más ambiciosas jamás construidas. Pero más allá de su impresionante capacidad hidroeléctrica, hoy está en el centro de una conversación inusual y fascinante: la NASA ha confirmado que este coloso de concreto puede ralentizar la rotación de la Tierra.

Sí, leíste bien. Una construcción humana está afectando el giro del planeta.

Presa de las Tres Gargantas

Una presa colosal en todos los sentidos

Ubicada en el río Yangtsé, la Presa de las Tres Gargantas fue concebida no solo como una planta hidroeléctrica, sino como un símbolo del poderío tecnológico y económico de China. Desde su inauguración, ha generado suficiente energía como para alimentar países enteros: produce unos 112 TWh al año, más que toda la demanda eléctrica de países como Noruega, Chile o Finlandia.

Con una capacidad de 40 mil millones de metros cúbicos de agua, la presa contiene una masa líquida tan enorme que puede alterar el equilibrio del planeta. Y es aquí donde entra la NASA.

¿Qué dice la NASA?

Según el geofísico Benjamin Fong Chao, del Centro Goddard de Vuelo Espacial de la NASA, al llenarse por completo, la Presa de las Tres Gargantas desplaza una cantidad inmensa de masa desde altitudes más bajas hacia un punto más alto (relativamente hablando, respecto al centro de la Tierra). Esto modifica el momento de inercia del planeta, un concepto físico que describe la resistencia de un cuerpo a cambiar su rotación.

¿La consecuencia? Una ralentización mínima, pero medible en la rotación terrestre: cada día se alarga 0,06 microsegundos (0,00000006 segundos).

En otras palabras, mover esa cantidad de agua estira el día, aunque solo sea por una fracción ridículamente pequeña. Pero en ciencia planetaria, incluso los cambios diminutos importan.

¿Qué otras actividades humanas han afectado la Tierra?

Aunque pueda sonar increíble, no es la primera vez que la humanidad (o la naturaleza) altera el ritmo de nuestro planeta:

  • El tsunami del Océano Índico en 2004, causado por un terremoto masivo en Indonesia, desplazó el eje terrestre unos 2,5 cm y acortó el día en 2,68 microsegundos

  • Entre 1993 y 2010, la extracción masiva de aguas subterráneas (2 150 gigatoneladas de agua) elevó el nivel del mar y desplazó el eje de rotación 80 cm hacia el este

  • El derretimiento de los glaciares, a raíz del cambio climático, también está redistribuyendo la masa terrestre, alterando lentamente la inclinación del eje rotacional

Es decir, nuestro impacto ya no solo se mide en gases de efecto invernadero o deforestación, sino en cómo literalmente le estamos “cambiando el paso” al planeta.

¿Deberíamos preocuparnos?

En términos prácticos, no notarás la diferencia en tu día a día. No tendrás que ajustar tu despertador ni habrá consecuencias inmediatas para la vida diaria. Pero a largo plazo, los sistemas de precisión como los satélites GPS, las telecomunicaciones y la navegación podrían requerir ajustes técnicos, como la introducción de “segundos intercalares” (segundos adicionales que se agregan —o se restan— para mantener sincronizados los relojes atómicos con la rotación real de la Tierra).

De hecho, se está evaluando por primera vez la necesidad de introducir un “segundo intercalar negativo”, es decir, acortar un minuto a solo 59 segundos. Parece menor, pero para sistemas digitales y científicos, estos segundos pueden marcar una diferencia crítica.

¿Por qué esto nos importa?

Porque este tipo de noticias nos recuerda algo crucial: vivimos en una era donde la influencia humana ha alcanzado escala planetaria. A esto se le llama técnicamente Antropoceno, una nueva era geológica en la que las actividades humanas son la fuerza dominante que da forma a la Tierra.

La idea de que una presa pueda alterar la rotación de un planeta puede sonar sacada de una novela de ciencia ficción, pero es real, medible y cada vez más frecuente. Y mientras seguimos construyendo, extrayendo y modificando el entorno, debemos preguntarnos: ¿hasta qué punto podemos intervenir en los sistemas naturales sin consecuencias imprevistas?

¿Qué nos enseña esto sobre el futuro?

A medida que nos acercamos a nuevas fronteras —como la colonización de la Luna o Marte, donde cada gramo cuenta y cada segundo importa— entender cómo nuestras acciones modifican el equilibrio físico de los cuerpos celestes se vuelve más relevante que nunca.

Lo que aprendemos sobre la Tierra y su dinámica rotacional puede aplicarse a la exploración espacial, a la terraformación de planetas, e incluso a las soluciones para enfrentar el cambio climático aquí en casa.

Una llamada a la conciencia planetaria

Así que la próxima vez que escuches hablar sobre una presa, un proyecto de ingeniería o una gran construcción, recuerda que no se trata solo de infraestructura, sino de geopolítica, sostenibilidad y física planetaria. Somos capaces de alterar los ritmos de un planeta entero. Eso es poder… y también una enorme responsabilidad.

Y aunque un día más largo por 0,06 microsegundos no cambiará nuestras vidas de inmediato, es una prueba de que todo en la Tierra está conectado, y que nuestras decisiones, incluso las más monumentales, tienen eco en el tejido invisible del tiempo y el espacio.

La NASA informó el pasado miércoles que intentará lanzar nuevamente su megacohete hacia la Luna el próximo 14 de noviembre, con fechas alternativas esa misma semana.

Esta misión es importante para definir si es posible transportar humanos al espacio y comenzar con la colonización con la Luna.

 

 

La misión Artemis 1, no tripulada fue postergada debido a problemas técnicos y por el paso del huracán Ian que azotó Florida, desde donde debe despegar el cohete. El principal objetivo de esta nave es garantizar que la cápsula Orion, en la parte superior del cohete, sea segura para transportar humanos a la Luna en el futuro.

"Las inspecciones y los análisis de la semana pasada confirmaron que se requiere un trabajo mínimo para preparar al cohete y a la nave espacial para su lanzamiento desde la plataforma 39B en el Centro Espacial Kennedy", explicaron desde la agencia espacial estadounidense a través de su blog.

La nueva ventana de lanzamiento, con una duración de 69 minutos, se abrirá el 14 de noviembre a las 00:07 horas (04:07 GMT), con fechas de respaldo el 16 de noviembre a las 01:04, y el 19 de noviembre a las 01:45 locales.

 

 

Más de la misión

Artemis I, anteriormente Exploration Mission-1, será la primera prueba integrada de los sistemas de exploración del espacio profundo de la NASA: la nave espacial Orion, el cohete Space Launch System (SLS) y los sistemas de tierra en el Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral, Florida. La misión será la primera de una serie de cada vez más complejas, Artemis I será una prueba de vuelo sin tripulación que proporcionará una base para la exploración humana del espacio profundo y demostrará la capacidad para extender la existencia humana a la Luna.

Durante este vuelo, la nave espacial se lanzará en el cohete más poderoso del mundo y volará más lejos de lo que jamás haya volado ninguna nave espacial construida para humanos. Viajará 280.000 millas desde la Tierra, miles de millas más allá de la Luna en el transcurso de una misión de cuatro a seis semanas. Orion permanecerá en el espacio más tiempo que cualquier nave para astronautas sin acoplarse a una estación espacial y regresará a casa más rápido y más caliente que nunca.

“Esta es una misión que realmente hará lo que no se ha hecho y aprenderá lo que no se sabe”, dijo Mike Sarafin, gerente de la misión Artemis I en la sede de la NASA en Washington. "Abrirá un camino que la gente seguirá en el próximo vuelo de Orion, empujando los bordes del sobre para prepararse para esa misión". 

 

 

Datos de la misión:

  • Fecha de lanzamiento: 14 de noviembre de 2022
  • Duración de la misión: 25 días, 11 horas, 21 minutos
  • Distancia total recorrida: 1,3 millones de millas
  • Velocidad de reingreso: 24,500 mph (Mach 32)
  • Amerizaje: 09 de diciembre de 2022